domingo, 22 de abril de 2018

¿CÓMO COMBINAR LA ACCIÓN “DESDE ABAJO” Y “POR ARRIBA”?


La encrucijada de los “gobiernos progresistas” de América Latina

¿CÓMO COMBINAR LA ACCIÓN “DESDE ABAJO” Y “POR ARRIBA”?

Popayán, 22 de abril de 2018

“Una tarea impuesta por la necesidad histórica será realizada con el individuo o contra él”.

Oswald Spengler  

Algunos gobernantes, dirigentes y analistas políticos de la cuerda de los gobiernos “progresistas” y/o de “izquierda” de América Latina tratan de negar, desconocer o minimizar el hecho de que los llamados “procesos de cambio” de nuestra región entraron desde hace varios años en una fase de declive, debilitamiento, retroceso o, incluso, de posibilidad de una derrota estratégica[1].

Los hechos lo comprueban. En vez de rechazar lo evidente, hay que identificar las causas y diseñar soluciones sobre todo ahora que en Colombia y México, los candidatos de movimientos democráticos como Gustavo Petro y Andrés Manuel López Obrador, tienen grandes posibilidades de ser elegidos a la Presidencia en sus respectivos países. ¡Es urgente aprender!     

Filosofía, ilusión, fantasía y realidad

Dice Slavoj Zizek en su texto primigenio “El sublime objeto de la ideología”:
“Hemos dado ahora un paso decisivo hacia adelante: hemos establecido una nueva manera de leer la fórmula de Marx, “ellos no lo saben, pero lo hacen”; la ilusión no está del lado del saber, está ya del lado de la realidad, de lo que la gente hace. Lo que ellos no saben es que su realidad social, su actividad, está guiada por una ilusión, por una inversión fetichista. Lo que ellos dejan de lado, lo que reconocen falsamente, no es la realidad, sino la ilusión que estructura su realidad, su actividad social real. Saben muy bien cómo son en realidad las cosas, pero aun así, hacen como si no lo supieran. La ilusión es, por lo tanto, doble: consiste en pasar por alto la ilusión que estructura nuestra relación efectiva y real con la realidad. Y esta ilusión inconsciente que se pasa por alto es lo que se puede denominar la fantasía ideológica.”[2]
Cito al filósofo esloveno porque es necesario reflexionar sobre nuestra propia mirada, sobre la validez de nuestros enfoques, que tal vez, no sean los que orientan nuestra acción sino que sirven para justificar esa acción. Recitemos con él una nueva fórmula: “Lo sabemos, pero lo hacemos”.

Es bueno precisar que esta reflexión se plantea no para desanimar a nadie sino para entusiasmar en forma diferente. Claro que hay que luchar por sacar de los gobiernos a corruptos y criminales para colocar allí gente, por lo menos, decente y con sensibilidad social. Pero sabemos que no basta. No es suficiente como lo comprueba la experiencia.

Seguimos entrampados con el problema del “poder”; trataremos de mostrarlo en este escrito. No avanzaremos con consistencia si seguimos actuando como si creyéramos en la omnipotencia de la ley y del Estado; como si creyéramos que el Presidente (cualquiera que sea) encarnara la voluntad del pueblo; como si creyéramos que gobierno es lo mismo que Poder.

Tenemos que caer en la cuenta que todo es cuestión de fuerza real; o sea, de relaciones de dominación o de emancipación; de poder efectivo de coerción para neutralizar a las fuerzas contrarias o de ausencia/debilidad de esas fuerzas. Y ese poder –parece paradójico decirlo– es algo simbólico que se materializa en fuerza organizada, aparato, “cosa”, burocracia y ejército, etc. Para quienes luchamos por la autodeterminación de los pueblos y la emancipación de los trabajadores, entender esa relación entre lo simbólico y lo “cosificado”, es muy importante. 

Si no construimos hegemonía de nuevo tipo basada en legitimidad social, política y cultural, estaremos condenados al fracaso; nuestra gestión al frente del “Estado heredado” en favor de los excluidos y marginados será flor de un día y llevaremos agua al molino del gran capital. ¿Cómo hacerlo? Ese es el punto cardinal en cuestión. Primero, veamos algo de la experiencia vivida; luego, abordaremos las posibles salidas o propuestas de solución aclarando que existen interesantes pistas, avances, teorías y prácticas que hay que revisar, revalorar y contextualizar.    

Hechos

En forma sintética detallo los hechos sin que el orden de presentación determine su importancia:

1.    Derrotas electorales nacionales y locales en diversos países y eventos eleccionarios[3].

2.   Golpes de Estado de diferente naturaleza contra gobernantes democráticos sin que el movimiento popular haya podido revertir sus efectos[4].

3.    La corrupción político-administrativa permeó a los gobiernos progresistas de la región[5]. 

4.  Divisiones importantes en la cúpula dirigente de los partidos o movimientos que lideran dichos procesos[6].

5.    Enorme debilitamiento del movimiento social que fue el soporte de los procesos de cambio[7].

6. No aplicación, parálisis, retroceso o debilitamiento de las políticas anti-neoliberales y sociales aprobadas en los programas de gobierno o en asambleas constituyentes[8].

7.   La integración regional está paralizada, en retroceso y en crisis[9].

8. Se han presentado diversas formas de deriva y tendencias autoritarias en algunos gobiernos progresistas y/o de izquierda[10].

9.   Franco estancamiento del debate y la producción teórica de los movimientos y partidos políticos “progresistas” y de izquierda[11].

Causas

He revisado numerosos estudios, análisis, artículos y opiniones que se han elaborado sobre el tema y agrupo los argumentos sobre las causas del declive o retroceso en estos rubros:

a.    Los que centran su argumentación en el poderío del enemigo imperial y de las oligarquías;

b.    Los que se concentran en los errores político-coyunturales cometidos;

c.    Los que identifican debilidades estructurales de nuestras sociedades;

d.   Los que ubican falencias ideológicas y políticas de la dirigencia de los procesos de cambio;

e.    Los que presentan un análisis de conjunto con énfasis en alguno de los factores.   

Es indudable que un fenómeno como el que estamos abordando es de una enorme complejidad y se requiere un análisis detallado y particular de cada experiencia y país, pero también es evidente que existen elementos comunes que pueden ser identificados para encontrar algunas guías y pistas para avanzar. Entre los elementos comunes resalto los siguientes:

i.   Todos nuestros países –en mayor o menor grado– tienen economías dependientes del poder financiero internacional, de la exportación de materias primas, y tienen bajos niveles de industrialización y de desarrollo tecnológico. La presencia y el poder de grandes transnacionales es determinante y los niveles de informalidad son apabullantes. Los Estados como estructura son –unos más que otros– burocráticos, ineficientes y endebles.

ii.    Todos los “procesos de cambio” que formalmente empezaron en 1999 (Venezuela) utilizan medios y herramientas institucionales para impulsar transformaciones en sus países y región.

iii.     Todos los programas políticos se han planteado superar o derrotar las políticas neoliberales.

iv.    El eje de las ejecuciones de los gobiernos “progresistas” y/o de izquierda se ha centrado en la mayor inversión social en programas de educación, salud, servicios públicos y vivienda.

v.       Todos los “procesos de cambio” colocaron como su principal actividad política la de administrar el aparato estatal a todos los niveles (nacional, departamental o estatal-regional, y local-municipal), consagrando a sus principales “cuadros” en esas labores.

vi.   En todos los “procesos de cambio” el nivel de organización de los partidos y/o movimientos políticos era relativamente precario. Eran partidos o movimientos nuevos, sumatoria de grupos y liderazgos diversos, sin cohesión interna, sin experiencia administrativa, sin una teoría consolidada y sin una formación ideológica y política unificada y consistente.

vii.  En todos estos procesos el papel del dirigente o líder principal ha sido determinante (Chávez, Lula, Correa, Kirchner, Evo). No se ha construido democracia interna, ni equipos cualificados con peso decisorio y división del trabajo, nunca se estimuló a las organizaciones sociales para que defiendan su autonomía y espíritu crítico y, no se promovió la organización de centros de pensamiento para influir en las decisiones gubernamentales.

viii.  En todas estas experiencias político-administrativas, los partidos de gobierno han utilizado las inversiones del Estado para lograr el apoyo electoral de la población. Esta situación fue forzada por el hecho de tener que disputar casi en forma permanente el control de los gobiernos frente a las fuerzas de derecha financiadas o apoyadas por las oligarquías y el imperio euro-estadounidense. Ese ha sido el comportamiento generalizado y es un factor determinante para el surgimiento de un nuevo tipo de clientelismo basado en el paternalismo asistencial. Para hacerlo se han utilizado subsidios de diversa clase (“auxilios monetarios condicionados” según la definición del BM) y ello se constituyó en una camisa de fuerza a la hora de priorizar la inversión social dedicándola principalmente a programas de gran impacto pero inmediatista (salud, educación, vivienda, infraestructura, etc.). Esa práctica se convirtió en un limitante fundamental para invertir recursos económicos importantes en la financiación de un verdadero y nuevo modelo de desarrollo productivo, que tuviera como base a los productores organizados de la Nación (pequeños, medianos y grandes). Incluso, las grandes inversiones hechas en los programas sociales, al tener que hacerse bajo el modelo existente (neoliberal), han terminado fortaleciendo, por un lado, a poderes burocráticos incrustados en el aparato estatal, y por el otro, a intermediarios, contratistas y capitalistas dueños de los medios de producción, de bancos y de empresas proveedoras de los materiales y servicios necesarios para sacar adelante esos programas y proyectos.

ix.   En todos estos procesos que se han desarrollado en Latinoamérica, el movimiento social y las organizaciones populares han sufrido enormes problemas de diversa naturaleza que los ha debilitado, dividido, cooptado, dispersado y hasta derrotado, en su relación con los “gobiernos del cambio”. Dichas experiencias deben ser estudiadas a fondo. Por un lado, el hecho de que muchos de sus dirigentes fueran integrantes de los partidos y movimientos políticos que accedieron al gobierno e instancias administrativas, los colocó inmediatamente ante el reto de participar en el gobierno en forma directa, perdiéndose el control de sus bases, o en permanecer al interior de sus organizaciones y jugar un papel desde allí, que también se ha intentado pero sin mayores resultados[12]. No obstante, esa decisión no resuelve el problema de la cooptación y el burocratismo que fácilmente se desencadena cuando los intereses y privilegios que ofrece el aparato estatal (“heredado”, que “no es el nuestro”) se hacen presentes en la vida cotidiana. Es, indudablemente, un problema que refleja la madurez o no de los movimientos sociales, que tienen que mantener su autonomía pero, a la vez, influir en las políticas y el comportamiento de los gobiernos que ellos mismos ayudaron a elegir. En ello hay mucho por aprender y se deberían promover encuentros para debatir a fondo estos temas a fin de contribuir a recuperar la iniciativa política en la región.

Problemas identificados                     

Es un hecho que las revoluciones y los procesos de cambio siempre nos van a coger con los “pantalones abajo”. Es inevitable que ello sea así porque las clases sociales oprimidas o “subalternas”, como dicen ahora, nunca van a poder estar completamente preparadas para esos cambios intempestivos que son muy difíciles de prever. No obstante, para intentar afrontar esa inexperiencia y los limitantes inherentes a los cambios reales, los dirigentes y organizaciones deben hacer esfuerzos por sistematizar los conocimientos adquiridos con base en las experiencias anteriores para orientar sus prácticas e intentar acertar y avanzar lo máximo posible. Allí juega un papel importante la teoría y la capacidad política para reaccionar a los nuevos retos.

Entre los problemas más importantes que se pueden identificar en esta especie de balance (o plan de balance) tenemos los siguientes:

1. Pareciera que, a pesar de todos los diagnósticos elaborados sobre el nivel de poder del capital financiero global, las intricadas relaciones e intereses de las oligarquías locales y globales, los grados de control sobre nuestras economías, sociedades y culturas, y otros aspectos relacionados con el poder real y los límites para incidir en esa realidad por parte de los Estados “nacionales”, al acceder a los “aparatos de Estado” no hubiéramos sido lo suficientemente conscientes de nuestra debilidad inmediata, pero a la vez, de la potencialidad de las fuerzas sociales y del momento. Ese desconocimiento nos llevó a idealizar el poder electoral representado en los gobiernos y a creer en la simple fuerza de la “Ley”, llevándonos a querer realizar cambios estructurales sin contar con una fuerza contundente y organizada de los trabajadores y de las comunidades en general. Mientras se contó con recursos de la bonanza de precios internacionales del petróleo, gas y otras materias primas se “avanzó” en algunos aspectos denominados como “la lucha contra la pobreza” usando los mismos criterios y parámetros del FMI y el BM, una supuesta “distribución de la riqueza social” (limitada al presupuesto estatal) y la ampliación de la cobertura de los “programas sociales”, pero no se construyó un verdadero movimiento de transformación estructural que involucrara a la población y a sus movimientos sociales.       

2.  No hemos podido combinar la acción “desde arriba” con el trabajo permanente “desde abajo”. En la totalidad de los “procesos de cambio” fue la acción institucional desde el “Estado heredado” lo que absorbió la mayor parte de nuestros esfuerzos y nos cooptó (y captó) totalmente, llevándonos a las actuales circunstancias de pérdida de iniciativa política; en otros casos, algunas organizaciones y sectores no se interesan en la acción “desde arriba” permitiéndole a toda clase de “trepadores” y burócratas monopolizar el aparato del Estado que es un poder –real y efectivo– que bloquea, obstaculiza, aísla y agota los esfuerzos “desde abajo”. Lograr una combinación de ambos espacios en donde “lo de abajo” tenga la suficiente coherencia y consistencia para determinar (o subordinar) “lo de arriba”, sería lo ideal. Pero ello implica tener claro un camino estratégico frente a la necesidad de construir Hegemonía Política y Cultural.

3.  No hemos logrado construir movimientos u organizaciones en donde existan diversos niveles de democracia y, a la vez, una capacidad real para actuar como colectivos. No hemos superado en la práctica, el eterno problema de combinar centralismo y democracia. Los liderazgos caudillistas se han impuesto y con su ímpetu arrollador (posiblemente bien intencionado) anulan la posibilidad de construir diversos niveles de trabajo y decisión, que a su vez, desarrollen prácticas absolutamente conectadas con organizaciones de base, movimientos sociales y amplias redes (flexibles pero reales) de la población. Ello requiere una teoría consistente sobre las democracias posibles como pueden ser: la representativa pero no burocrática (delegación limitada y sin privilegios); directa pero no democratera (asambleas, foros, consultas, etc.); ilustrada pero no tecnocrática (consejos de sabios y ancianos, equipos de expertos, etc.); deliberativa pero no demagógica;  plebiscitaria pero no al servicio de autoritarismos; y otras que son parte de la vida (“gobierno de los bienes comunes”).

4.  Estamos también en deuda en la comprensión de los fenómenos ideológicos producidos por la dinámica real de nuestras sociedades. La preponderancia de la economía crematística llevada a niveles superlativos, el consumismo obsesivo y desenfrenado, el control mediático del comportamiento de las personas, los cambios acelerados en la estructura de la sociedad y de las clases sociales, el surgimiento de una casta financiera global con características impersonales, la globalización capitalista neoliberal y los fenómenos de migración de diversos tipos, la lumpenización de los capitalistas y el fortalecimiento de las economías criminales, la crisis del socialismo del siglo XX y la incertidumbre sobre el futuro del planeta y de la humanidad, las tendencias cínicas en el mundo del pensamiento y la academia, pero también, la aparición de movimientos anti-globalización, ambientalistas, contra la discriminación de género, étnico o cultural, y diversas formas de resistencia “de los de abajo”, algunos de ellos muy fuertes y masivos a nivel planetario, y otros esporádicos y excepcionales (“indignados”, neo-zapatistas, etc.), dejan ver que al interior de la sociedad existen sectores que son conscientes de esos problemas y que están en la búsqueda de nuevos caminos. Se requiere una mirada local y, a la vez, regional y global de estas experiencias para poder incidir.     

La resolución de estos problemas y otros muchos requiere un trabajo sistemático, integral y colectivo en el terreno de la filosofía, la ciencia, la economía, la política y demás áreas relacionadas, en medio del trasegar y la lucha, no teoricista ni academicista, que a la vez nos permita a todos desarrollar un proceso de re-educación para enfrentar los retos inmediatos y del futuro. No implica renunciar a todo el bagaje teórico elaborado por anteriores pensadores y luchadores del mundo entero pero si nos exige un gran esfuerzo por generar nuevos conceptos y nuevas herramientas para poder responder a las nuevas condiciones que vive la sociedad humana del siglo XXI.

Sugerencias teóricas

Hace poco resalté el hecho de que el candidato a la presidencia de Colombia, Gustavo Petro, publicó un tuit donde mencionaba a los pensadores que les servían de base teórica y de inspiración para sus programas de gobierno. Entre otros, menciona a Nicholas Georgescu-Rogen, Jeremy Rifkin y Paul Mason. El primero, fue un importante pero no tan reconocido economista rumano-estadounidense que aportó las bases teóricas para relacionar en forma creativa la física (entropía) con la economía, dándole serios y consistentes fundamentos al pensamiento ecológico científico. En ello coincido con el candidato y, respetuosamente, sin desconocer a los teóricos revolucionarios clásicos y a importantes pensadores actuales con orientación y militancia de izquierda como David Harvey, Boaventura de Souza Santos y muchos otros, resalto el aporte de dichos estudiosos de la realidad del siglo XXI.   

El segundo autor, Rifkin, fue alumno de Georgescu y en la actualidad desarrolla un trabajo destacado en relación a la valoración de la actual revolución tecnológica (cibernética, comunicaciones digitales y energías limpias), el surgimiento de las economías colaborativas y el “prosumidor”, el impacto de la tendencia decreciente en los costos de producción en lo que él denomina el “eclipse del capitalismo”, y el papel que puede jugar el “pro-común colaborativo”[13] en el diseño de nuevas formas de auto-gobiernos paralelos al Estado existente. Rifkin es un prolífico escritor, conferencista, activista ecológico y asesor de gobiernos en todo el mundo.

El tercer pensador, Paul Mason, es un periodista británico de orientación marxista, estudioso de los procesos revolucionarios y socialistas del siglo XX. Autor del libro “Postcapitalismo”. Al igual que el anterior autor, nos presenta el panorama a futuro sobre el hecho de que la humanidad tendrá que lidiar con un proceso en donde la lucha entre el capitalismo y el “post-capitalismo” será de largo plazo, en donde el Estado y nuevas formas de poder ciudadano y comunitario podrán jugar un papel regulador (de presión) sobre las fuerzas sociales y económicas dominantes, por un lado, para luchar por evitar cataclismos ambientales, nucleares, epidemias o catástrofes globales de gran impacto y de desconocidas naturalezas, y por el otro, para generar en medio de una “competencia entre sistemas”, nuevas relaciones de reciprocidad entre las personas a fin de construir un mundo más justo y vivible. El enorme desarrollo de las fuerzas productivas –como lo avizoró el teórico Carlos Marx hace 150 años– ha creado esas condiciones objetivas pero se requiere la acción organizada de los seres humanos para poder superar el imperio del capital.

Sé que en la actualidad es imposible que surja un Marx (un único y gran pensador) que desarrolle el pensamiento revolucionario y nos ofrezca una “guía para la acción” que nos ilumine el camino. Sin embargo, soy optimista frente al enorme desarrollo de la ciencia y del pensamiento teórico que recoge los numerosos y valiosos conocimientos de estudiosos de todo el mundo, de las diversas civilizaciones occidentales, orientales y amerindias, y de todas las épocas de la humanidad. Lo que me parece importante y resalto es que surjan “políticos” y dirigentes sociales que estudien y se apoyen en la teoría para gobernar y para orientar sus procesos de lucha social y política. Las nuevas generaciones tienen ante sí un legado de pensamiento y un inmenso patrimonio de luchas que les va a permitir avanzar sobre lo ya construido y superarnos en muchos sentidos en beneficio de la vida humana y no humana.

Pero, es indudable que frente a los retos actuales la tarea más importante es la construcción de conceptos y herramientas metodológicas totalmente nuevas. La revolución del pensamiento nunca ha sido más urgente y necesaria.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado  




[1] Las derrotas políticas que acumulan las fuerzas progresistas de la región latinoamericana a manos de las oligarquías y el imperio (USA-EU) empiezan a constituirse en una masa crítica que crea condiciones para una derrota estratégica. Una intervención armada imperial tipo Libia o Siria se alcanza a visualizar en el horizonte, para nuestra desgracia.

[2] Zizek, Slavoj (1982). “El sublime objeto de la ideología”. p. 75

[3] En Venezuela, legislativas de 2015; en Argentina, presidenciales de 2015; en Bolivia, referendo de 2016; en Ecuador, locales de 2014; en Brasil, locales de 2016; en Chile y Perú las derechas recuperaron los gobiernos. 

[4] Golpes duros y blandos oficializados por bancadas parlamentarias de derechas: Paraguay, Honduras, Brasil. 

[5] Los casos más visibles y escandalosos son los de Brasil, Ecuador, Venezuela y Nicaragua pero en casi todos los países ese fenómeno corruptor se ha presentado a todo nivel.

[6] Los más visibles son los de Venezuela y Ecuador, pero en todos los procesos existen fisuras y resquebrajamientos. En Venezuela el gobierno del presidente Maduro ha enjuiciado y encarcelado a importantes dirigentes de la era Chávez, y otros ex-ministros y dirigentes son hoy sus opositores. En Ecuador el ex –presidente Correa es el más férreo opositor del actual presidente y sucesor Lenin Moreno. Alianza País, partido de gobierno está dividido.   

[7] Pérdida de autonomía, divisiones internas, cooptación, burocratismo, entre otros fenómenos.

[8] Después del auge de los precios de las materias primas (commodities y petróleo), todos los gobiernos en mayor o en menor grado tuvieron que retroceder en ese terreno. Unos más que otros. Además, se ha llegado a reprimir las protestas sociales como en Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

[9] UNASUR no ha podido reemplazar al secretario general y 6 países ya solicitaron su retiro; MERCOSUR redujo su acción; la CELAC está semi-bloqueada frente a los diversos conflictos regionales; la OEA ha vuelto por sus fueros pro-imperiales e intervencionistas en manos de su actual secretario Luis Almagro; el ALBA y otros organismos de cooperación muestran debilidad y dependencia económica de Venezuela.

[10] Los casos más dramáticos son los de Venezuela y Ecuador, aunque se quieran justificar por los ataques del Imperio y las oligarquías reaccionarias y anti-democráticas. 

[11] El debate ideológico-político se ha debilitado. Solo en fases iniciales de los gobiernos se estimuló la crítica y la participación. Se ve reflejado en los medios de comunicación alternativos, algunos de los cuales han empezado a practicar la censura siguiendo el criterio de que “en época de ataque del enemigo, cualquier crítica es traición”.

[12] Este es uno de los temas más conflictivos que se han vivido con los “gobiernos del cambio”. Los más estudiados y referenciados son los de Bolivia (sindicatos mineros, fabriles, docentes, etc.) y los de Ecuador (organizaciones indígenas y sindicatos estatales), en donde no siempre la razón ha estado de parte de las organizaciones sociales. También los gobiernos han tenido que enfrentar espíritus y concepciones corporativistas y sectorizadas, dirigencias burocráticas y corruptas, interferencia de partidos políticos de derecha y de izquierda. En Venezuela ha sido todavía más difícil; el hecho de que las centrales sindicales estuvieran controladas por dirigentes patronales que colaboraron con el golpe de 2002 contra el gobierno bolivariano hizo que Chávez desde un principio no permitiera la más mínima autonomía del movimiento sindical.  

[13] Una importante estudiosa de lo que se denomina el “pro-común colaborativa” es la economista (qepd) Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía 2008, autora del libro “El gobierno de los bienes comunes”.  

sábado, 21 de abril de 2018

DERROTARSE SIN SUBIR AL RING


EXTRAÑA TACTICA DEL “SUBCOMANDANTE MARCOS”,

DERROTARSE SIN SUBIR AL RING
                    
                                   Guillermo Fabela Quiñones
El hoy llamado subcomandante Galeano da por sentado que “el capital va por todo y no va a permitir Lulas, ni Dilmas, ni Kirchner, ni Correas, ni Evos ni López Obrador, ni como se llame cualquier cosa que ofrezca un respiro”. Entonces, es válido preguntar: ¿qué caso tiene pues acudir a las urnas a votar si las élites del poder están dispuestas a no permitir el triunfo de las clases mayoritarias? Tal declaración puede interpretarse como una invitación a que la ciudadanía que quiere un cambio se abstenga de votar, no vale la pena porque será un esfuerzo inútil.
Una actitud así favorece a la élite gobernante, pues le evita el trabajo de fabricar un fraude que en las condiciones actuales sería muy complicado si los votantes acuden a sufragar en masa, sin miedo a las represalias ni amenazas de los patrones y del gobierno. Si la intención de la cúpula propietaria de los grandes monopolios de México es no permitir que el abanderado de Morena llegue a la Presidencia; si tiene la voluntad y la firmeza de llevar a cabo una elección de Estado, por eso mismo es un imperativo votar masivamente, a la par que se organiza la ciudadanía para asegurar que no se cometa un fraude.
Qué cómodo sería para la camarilla en el poder decir que la gente no acudió a votar, hecho que favorecería el triunfo de cualquiera de los candidatos reaccionarios: José Antonio Meade o Ricardo Anaya, gracias a su voto duro. Aunque no hay sombra de duda de que se está orquestando una elección de Estado, no por eso se le debe coartar su derecho de acudir a las urnas a los millones de ciudadanos que quieren votar por Andrés Manuel López Obrador. Porque no debemos perder de vista que este proceso electoral puede ser el último en el que la sociedad pueda participar en busca de “un respiro”.
Independientemente de que, como afirma quien años atrás se hacía llamar subcomandante Marcos, “ahora la hidra (capitalista) está enloquecida, va por todo y por todos”, la sociedad está obligada a participar para desenmascarar al sistema político, el cual está “encapuchado” en sus instituciones “democráticas” que utiliza para favorecer los intereses creados de las élites que no se hartan de devorar las riquezas de la nación.
A final de cuentas, si los pueblos latinoamericanos han ido perdiendo las batallas contra las oligarquías voraces, ha sido porque lo han permitido con su desorganización, la ausencia de convicciones de los dirigentes, la carencia de una visión estratégica, de lo cual es un ejemplo paradigmático el caso de Venezuela. Se dejó viva a la “hidra” y ni tarda ni perezosa se levantó para recuperar su nidal perdido. Lo mismo ha sucedido en Argentina, en Ecuador y en Brasil, el caso más lamentable por la importancia del país amazónico en la región.
Si lo que quiere el neoliberalismo global es desmovilizar a los pueblos a fin de que no sean un obstáculo insalvable a sus ambiciones irracionales, no hay por qué facilitarles la tarea desmovilizándonos nosotros mismos. Dar por perdida la pelea antes de subir al ring no es una buena táctica, pues se presta a interpretaciones que dañan al protagonista, es decir al pueblo que necesita ser movilizado para enfrentar a un rival muy fuerte, al que le sobran recursos, mañas y perversidad.
No hay que pasar por alto que hay etapas en que la sociedad en su conjunto necesita “un respiro”. La que vivimos en estos momentos es una de ellas, luego de más de tres décadas de un incesante desgaste de las instituciones por un ejercicio de gobierno a contracorriente de las clases mayoritarias. No le vendría nada mal al régimen una tregua para también “respirar” y reflexionar sobre el futuro. Aunque en las condiciones actuales no hay muchas opciones para enfrentar los días venideros: o se afianza el monstruo neoliberal dispuesto a devorarlo todo, inclusive a sí mismo; o se abren posibilidades concretas de algo más que “un respiro”.
Está en juego el futuro de la humanidad, por lo tanto también de los mexicanos. El que la gran potencia imperialista esté bajo el liderazgo de alguien como Donald Trump, es motivo de una profunda angustia existencial porque en sus manos está la posibilidad de que se adelanten los vaticinios de una destrucción irreversible de la vida en el planeta. El único que puede frenarlo es el pueblo estadunidense organizado, consciente de la gran responsabilidad que tiene como nación que dicta la agenda del capitalismo en su fase más destructiva y deshumanizada.
Se llegó ya a una situación límite, tanto en Estado Unidos como en el resto del mundo, cuya línea divisoria será determinante para definir la ruta a seguir. Los pueblos serán decisivos en el gran reto de evitar la gran hecatombe anunciada en muchos frentes. Por eso es un gravísimo error desmovilizarlos con argumentos derrotistas, como afirmar tajantemente que “la élite capitalista no va a permitir que López Obrador gobierne”. Esto habrá que verlo en los hechos, pero antes es necesario aprovechar el proceso electoral para organizar a las masas y comprometerlas en el cambio que ellas mismas están exigiendo.
Los fracasos en América Latina de procesos sociales progresistas, deben servir de ejemplo para no cometer iguales errores. Es preciso crear condiciones concretas que favorezcan una sana interrelación entre todas las fuerzas que anhelan un cambio democrático, de manera pacífica. La oligarquía facciosa quisiera que estas fuerzas cayeran en las provocaciones que impulsa con pleno cinismo, o bien que se desmoralizara ante la decisión de no permitir el triunfo del pueblo en las urnas. Ni una cosa ni la otra serán viables en la medida que se apuntale la organización y la confianza en la victoria. Lo que sobrevenga definirá el futuro de México.
                                               (guillermo.favela@hotmail.com)

jueves, 19 de abril de 2018

¿Y SI SANTRICH MUERE?


¿Y si Santrich muere?

Popayán, 19 de abril de 2018

“En Colombia, así como el imperio instrumentalizó la guerra, hoy instrumentaliza la paz”. 

Seuxis Pausivas Hernández Solarte, mejor conocido como Jesús Santrich, está decidido a morir en la huelga de hambre que inició desde el mismo momento de su captura. No será el último muerto de nuestro conflicto armado pero será muy trágico, paradójico y cruel. ¡Es increíble!

Es uno de los integrantes de la insurgencia colombiana que más atraía a la gente y seducía a los medios de comunicación por su enfermedad de la vista (ceguera creciente), por su capacidad intelectual, rebeldía demostrada, sensibilidad artística y una serie de cualidades que contrastan con la imagen del guerrillero cruel y desalmado que se impuso en la opinión pública. Hoy está a punto de inmolarse –según ha anunciado– para demostrar su inocencia y en defensa de su dignidad, sus ideas y su causa.    

Duele de verdad la situación de Santrich. No porque se lo crea inocente o porque uno se identifique con sus ideas y métodos utilizados para implementarlas. Duele porque es un ser humano enfrentado unos hechos que lo sobrepasan y que no puede controlar. ¿Qué significado podrá tener su acción? ¿Sacrificio? ¿Suicidio? ¿Expiación? Y si realmente muere… ¿Qué efectos tendrá sobre nuestra sociedad, la juventud, la Farc, el proceso de paz, las elecciones, las otras guerrillas?

Así parezca que la situación de Santrich es algo personal, no lo es. Sea culpable o no de lo que lo acusan es una situación que lo supera como individuo. Es evidente que compromete de una u otra forma a su organización pero, también, es un hecho que nos desnuda como sociedad. Es resultado de haber permitido que el narcotráfico se incrustara hasta lo más profundo de nuestra vida, economía y cultura, hasta tal punto que logró permear tanto a guerrilleros como a curas, a políticos y banqueros, a negociantes y a ciudadanos del común. Y no lo olvidemos, es un negocio e industria promovida desde el exterior y el interior por gobiernos y grandes empresarios que se lucran de él.    

El movimiento democrático que hoy se expresa de diversas formas en Colombia y en Latinoamérica está obligado a entender lo sucedido con las FARC-EP. Tanto lo ocurrido con las “fuerzas armadas revolucionarias” como con la “fuerza alternativa del común” que está en construcción pero que está siendo destruida desde adentro y desde afuera[1]. ¡Hay que hacerlo!

Militantes y simpatizantes de “unas” y de la “otra” migran apresuradamente hacia otras expresiones políticas sin reflexionar sobre lo ocurrido con quienes decidieron desmovilizarse y convertirse en partido político. Otros, desde adentro o afuera de dichas organizaciones se rasgan las vestiduras, acusan de traición o de graves errores a algunos dirigentes de la insurgencia pero lo hacen sin la más mínima autocrítica y de forma coyuntural. La desbandada es  brava.

Creo que solo si entendemos a fondo lo ocurrido con la insurgencia armada colombiana podremos prefigurar lo que será la lucha por la democratización del país y, también, comprender –así parezcan experiencias diferentes– lo que sucede con los “procesos de cambio” de los países vecinos que enfrentan graves dificultades en su continuidad gubernamental y política.

Hay quienes creen que se puede pasar la página de un momento a otro: “olvidar para no pensar”. O, echarle la culpa al enemigo. Y no es lo correcto. Tarde que temprano lo reprimido reaparece. Estamos frente a las mismas fuerzas retardatarias que están a la ofensiva. Por ello, debemos hacer el balance más allá de la coyuntura. Lo que enfrentamos es nuestra propia capacidad para interpretar la realidad de la que somos parte. Ellos nos derrotan porque se lo facilitamos.

Y, además, a pesar de todo, esas fuerzas son parte de nuestro pueblo, equivocadas o no.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] El informe de la ONU del día de hoy 19 de abril de 2018 denuncia la situación de los excombatientes, el asesinato de 44 desmovilizados, el incumplimiento de los acuerdos y otros problemas similares. Ver: https://bit.ly/2vsabqa
   

viernes, 13 de abril de 2018

EL FENÓMENO PETRO EN COLOMBIA


EL FENÓMENO PETRO EN COLOMBIA

Popayán, 13 de abril de 2018

“La verdad surge del falso reconocimiento”. Hegel

Colombia es hoy con México uno de los países latinoamericanos en donde un líder progresista puede acceder al gobierno en 2018, continuando con los procesos de cambio que en se iniciaron en 1999 pero que sufren un declive político resultado de errores propios y de la presión de sus enemigos.

Aires de esperanza y movilización popular

La sociedad colombiana avanza con pasos algo apurados como queriéndose poner al día con la historia. Un líder popular que parecía liquidado por su paso en la alcaldía de Bogotá, resurge y emerge desde el interior de las estructuras institucionales que se aprobaron en la Constitución de 1991. Después de las elecciones legislativas del 11 de marzo de 2018, el soso proceso electoral que se inició el 2 de octubre de 2016 (plebiscito), se transformó en un movido y apasionante tire y afloje entre las fuerzas políticas en contienda que hoy se disputan la presidencia de la república. 

La intrépida acción política de ese candidato moviliza a decenas de miles de personas en las plazas centrales de pueblos intermedios y ciudades, y en la red virtual (web). Con su discurso encendido cuestiona de frente el poder de las castas oligárquicas que han dominado por siempre la vida económica y política de la nación. Es el único político con esa capacidad de convocatoria en un país que parecía adormecido por el conflicto armado y el semi-fracasado proceso de desmovilización de las guerrillas. Sus ideas han logrado calar en amplios sectores populares.

Su nombre es Gustavo Petro. Fue guerrillero del M19 en la década de los años 80s del siglo pasado (XX), se desmovilizó en 1989 y se reintegró con convicción pacifista a la vida civil y política. Es economista y estudioso de temas sociales, fue parlamentario estrella y opositor férreo del gobierno de Uribe, desenmascaró las alianzas de políticos corruptos con el paramilitarismo y ejerció el 2º cargo más importante del país: Alcalde de la capital de la República que es una metrópolis de 10 millones de habitantes. Es la quinta parte de la población colombiana.

Del miedo a la esperanza

Frente al fortalecimiento del uribismo con el triunfo del NO en el Plebiscito de la Paz (2016), resultado de aprovechar la demagogia de Santos, el triunfalismo de las Farc y la falta de claridad de las fuerzas democráticas y de izquierda, se pensó por parte de muchos analistas que sólo una opción moderada (Fajardo, De la Calle) podría ser alternativa a la falsa polarización orquestada por las derechas opositoras al proceso de terminación del conflicto armado. No ha ocurrido así.

Aunque “el que señaló Uribe” (Duque) es el candidato más opcionado para pasar a la 2ª vuelta –de acuerdo a diversas encuestas– Gustavo Petro se crece a diario y se consolida como una alternativa viable  para derrotar a las fuerzas de la guerra, de la muerte y de la revancha. Es más, todo apunta a que ante la visible desaparición de la amenaza de las Farc, el discurso del miedo está siendo reemplazado por el de la indignación y la esperanza. ¡Es un hecho evidente!

Lo anterior por cuanto las fuerzas políticas de “centro” no fueron capaces de liderar a las clases medias y, a la vez, jalonar a los sectores populares. Su llamado a esperar un mejor momento para luchar contra las políticas neoliberales no estuvo acompañado de una actitud categórica frente a corruptos y guerreristas. No pudieron pasar de un tibio “ni-ni” a un contundente “No-No” que generara confianza y entusiasmo. Ahora es al revés, la propuesta popular debe enamorar a las clases medias y no asustarlas con iniciativas que se asemejen a algunas de las políticas fracasadas en países vecinos (exagerado estatismo, exceso de paternalismo, populismo estrecho, etc.).   

La historia se repite pero con variantes

El momento que vive Colombia tiene grandes semejanzas con la gesta de Jorge Eliécer Gaitán hace 70 años. Los dos protagonizaron grandes debates en el Congreso Nacional; ambos fueron Alcaldes de Bogotá con la oposición-saboteo de la casta dominante; su personalidad arrollante ha sido señalada de arrogancia y soberbia por sus contradictores quienes desde diversas vertientes lo atacan con saña; y, también, su debilidad o falencia es cierta incapacidad para construir organización ciudadana que sea el soporte social de su acción política en el Estado y gobierno.

No obstante, la sociedad colombiana de hoy es muy diferente a la de antaño. De una u otra forma existe el acumulado de luchas sociales que se constituyen en una reserva política hacia el futuro. Las propuestas de Petro frente al cambio climático, la crisis del sistema de salud y el monopolio de la tierra (y otras), recogen la inconformidad de millones de personas que sufren los estragos de las políticas privatizadoras y de la entrega (destrucción) de nuestros recursos naturales al capital transnacional y, además, lo más importante, en medio de la campaña está movilizando y fortaleciendo a las organizaciones populares que por décadas han luchado contra esas políticas.

Y entonces, allí está la clave de un eventual triunfo de Gustavo Petro en las elecciones de 2018. Si él logra pasar a la 2ª vuelta con una votación importante como se prevé en todos los sondeos y encuestas, podrá contar con el apoyo de todas las fuerzas democráticas que no quieren volver a atrás y que saben que Duque no es capaz de quitarse de encima la presión e influencia de su jefe político (Uribe). Y lo fundamental, un gobierno de Petro puede contar con fuerzas organizadas que desde las localidades y regiones (bases) impidan que corruptos y oportunistas permeen la nueva administración (como sucedió con algunos gobiernos progresistas de la región y ha sido una de las causas de retrocesos y fracasos).

Hoy el miedo va en Colombia por cuenta de las derechas guerreristas y obtusas; el sueño y la ilusión de avanzar hacia una Colombia en paz que deje atrás el “pasado colonial” está del lado de la “Colombia Humana”. ¡Todo puede ocurrir en este contradictorio país!   

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