domingo, 21 de mayo de 2017

EL PUEBLO NEGRO DEL PACÍFICO EN LUCHA POR SU DIGNIDAD

EL PUEBLO NEGRO DEL PACÍFICO EN LUCHA POR SU DIGNIDAD

Los pueblos del Chocó y Buenaventura realizan paros cívicos en procura de las debidas atenciones del Gobierno Nacional

Tomado de: AZABACHE

Boletín Ideo-teórico del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales Afrocolombianas, CEISAFROCOL

Mayo de 2017

A finalizar los años de 1960, los pueblos del Chocó y el sur del pacífico colombiano tomaron la vía de la realización de paros cívicos en procura de las debidas atenciones de los diferentes gobiernos, en relación con la dotación y prestación de los servicios básicos de acueducto, alcantarillado, recolección y disposición adecuada de basuras y desechos, atención adecuada en salud y la debida cobertura educativa. Pero también con la generación de desarrollo autóctono y empleos productivos. Frente a la inconsecuencia e ineptitud de los políticos tradicionales elegidos por estos pueblos a las diferentes instancias legislativas y de manejo de la cosa pública, cooptados y corrompidos por las oligarquías nacionales, y convertidos en cuadros suyos.

Marcha de Paro Cívico en Quibdó, mayo de 2017.

Pero como dijo el gran Sofonías Yacup Carabalí en su obra “Litoral Recóndito”, en 1930: "... el Estado de miseria y de abandono en que se encuentra esa cadena de pueblos anhelantes que luchan por vivir y que a pesar de lo intenso de sus esfuerzos no logran remontar la corriente de la adversidad, de la incomprensión y las negativas sistemáticas, contra las cuales no han podido la petición respetuosa, la recla­mación enérgica ni la protesta altiva.

Y así seguirán hasta el día feliz en que la obra del progreso nacio­nal sea fruto de una gran comprensión basada en íntimo conoci­miento de las necesidades del país y de sus potencialidades económicas. Ese fausto acontecimiento habrá de aproximarse sola­mente cuando preceptos legales severos se lo impongan a legis­ladores y gobernantes."

Sin embargo, el pueblo afrocolombiano a partir de la constituyente de 1991 ha logrado una abundante legislación que ordena al Estado y a los diferentes gobiernos dar las debidas atenciones a las diferentes comunidades que componen al mismo, en aras de su reparación histórica, de su superación y su redignificación. Pero los funcionarios públicos, del Presidente de la República y los gobernadores departamentales hacia abajo, se vienen burlando de los mandatos de estas disposiciones legales y constitucionales, en muchos casos dándoles interpretaciones perversas y amañadas en aras de favorecer los intereses oligárquicos y foráneos, antes que los de las comunidades y el pueblo colombiano en general.

En agosto de 2016, el Comité Cívico del Chocó llegó a acuerdos con el Gobierno Nacional, quien se comprometió a dar solución a las siguientes peticiones, destinando los recursos financieros y logísticos correspondientes:

-La continuidad y conclusión de los trabajos de las vías que unen al Chocó con Antioquia y Risaralda, cuyos retrasos han influido en el atraso de la región, han mantenido a sus pobladores  haciendo sacrificios extraordinarios para poderse transportar y han conducido al sacrificio de decenas de vidas. Sacrificios que se han multiplicado en los últimos siete años, dejando un saldo de más de 100 personas muertas por accidentes. Las dificultades del transporte también tienen una fuerte influencia en la carestía de los productos de la canasta familiar y de otros productos de consumo masivo en la región, con lo que se hace más intensa la pobreza de las mayorías de la región.

-En materia de vías el Gobierno Nacional se comprometió al reinicio y terminación del proyecto Ánimas-Nuquí, que conecta al interior del Chocó y de Colombia con el Mar Pacífico, que cuenta con más de 60 años de iniciado. Además, la construcción y/o terminación de otras vías carreteables internas, que comunicarían a las comunidades regionales, estableciendo entre ellas relaciones de intercambio favorables para su integración y desarrollo mutuo.

Marcha del Paro Cívico de Buenaventura, mayo de 2017

 -Establecimiento y mejoramiento de los servicios públicos básicos, como acueducto, alcantarillado y energía eléctrica, en la mitad de los municipios del Chocó, que no cuentan con ellos, especialmente en Quibdó, su capital, donde las carencias, deficiencias y exagerados costos de estos, tienen efectos dramáticos en sus habitantes, afectando gravemente sus limitados ingresos y su salud. No obstante, los dos últimos gobiernos, desde las campañas presidenciales, se han mantenido engañando al pueblo chocoano con el anuncio de la muy “próxima inauguración de los más eficientes servicios públicos para la capital del Chocó”. Entre otras cosas, 11 de los 30 municipios del Chocó no cuentan con el servicio del Sistema Eléctrico Nacional, ni con acueducto ni alcantarillado.

-Resolver las carencias y deficiencias en materias de salud y educación comprometiéndose el Gobierno Nacional a salvar el Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, único de segundo nivel en la región, y construir otros hospitales públicos más. Dado que tomando como pretexto la corrupción de algunos funcionarios y administradores de la cosa pública de la región, la cual se incrementó con la presencia del narcoparamilitarismo en ellas, a quienes había que estarle entregando cada día un porcentaje más elevado de los recursos transferidos, por parte del Gobierno Nacional se intervino estos dos frentes, entregándole su manejo a personas foráneas, que en el caso del Chocó las han manejado como si fuera su negocio personal, algunas de ellas resultaron con oscuros antecedentes, tan corruptas como quienes estaban reemplazando, escasas de idoneidad y también comprometidas con el paramilitarismo. Y a pesar que los gobiernos de Uribe y de Santos incrementaron hasta en más de tres veces los recursos transferidos mensualmente a los interventores, la salud y la educación no mejoraron en nada, al contrario la crisis se agudizó, y como han denunciado organizaciones sociales y personalidades de la región, después de más de diez años de intervención de la salud del Chocó por parte de esos gobiernos, la deuda pasó de $19.000 millones a $35.000 millones, y ni ellos ni la SUPERSALUD dan explicación alguna sobre lo que ha pasado con tantos recursos transferidos y sobre el por qué de semejante deuda.

Con respecto al pueblo de Buenaventura, además de traer las mismas reivindicaciones del pueblo chocoano en materias de servicios públicos básicos, salud y educación, desde hace más de medio siglo. Su situación de pobreza y violencia se agudiza a partir de la aplicación del paquete neoliberal, en cumplimiento de órdenes dadas desde los centros de poder capitalista mundial influenciados por el Club Bilderberg, empezando  con la famosa “apertura económica”, los Tratados de Libre Comercio, TLC, y la privatización del  Terminal Marítimo, desde finales de los años de 1980, iniciados por el Presidente Cesar Gaviria Trujillo y continuados con mayor fuerza por Álvaro Uribe Vélez. A partir de ese momento se inicia un proceso violento de expulsión de la mano de obra nativa del Terminal Marítimo y su sustitución por personal foráneo, y de los territorios de bajamar donde los pobladores tenían sus humildes viviendas, todo lo cual fue acompañado de prácticas racistas y de discriminación racial, y feminicidios.

Para consolidar su poder,  iniciando los años de 1.990 los nuevos dueños del Terminal Marítimo, que hoy son doce familias capitalistas y oligárquicas, algunas de las cuales representan capitales extranjeros, importaron a los narcoparamilitares desde Antioquia, quienes inician una racha de asesinatos grupales y selectivos, y desapariciones, con el evidente objetivo de doblegar la resistencia a la privatización y de obligar a las familias nativas a huir para apropiarse de sus territorios actos para la construcción de obras de infraestructura destinadas a la actividad portuaria de importación y exportación de mercancías.

Los asesinatos los inician los narcoparamilitares y “Escuadrones de la Muerte” contra los dirigentes de organizaciones sociales que reivindicaban los derechos de los nativos, especialmente pagos justos para la mano de obra y un espacio en el terminal para sus empresas de economía solidaria de servicios portuarios, que habían venido construyendo desde más de 20 años atrás; e inversión de mínimo el 20% de las utilidades generadas por el Terminal Marítimo en el desarrollo de la región y en especial, de un frente productivo y generador de nuevas alternativas de empleo para las gentes de la misma, a través de sus organizaciones de economía solidaria. Pues no se concibe que el Terminal esté generando cerca de 10.000 millones de pesos de utilidades mensuales y no se invierta nada en el desarrollo y bienestar de la región donde se encuentra localizado, y teniendo en cuenta que ha sido construido con el sacrificio de las gentes de la misma.

No era raro que entre los años de 1980 y comienzos del 2.000, amanecieran por las calles aledañas al terminal más de una decena de cadáveres de miembros y activistas de los sindicatos y cooperativas de trabajadores portuarios adicionales o supernumerarios, asesinados. Fue por esas fechas que desaparecieron a Eulides Blandón, “Kunta Kinte”, y a otros dirigentes populares; y todos estos crímenes han quedado en la impunidad.

Ya se sabe que el paramilitarismo en Colombia desde su nacimiento ha actuado con el beneplácito de autoridades gubernamentales y en contubernio con la fuerza pública. A Buenaventura llegaron los narcoparacos no solo a prestar sus macabros servicios a los nuevos dueños del Terminal Marítimo, sino también a los grandes comerciantes y a los carteles del narcotráfico. De allí que las gentes del pacífico lo que están manifestando en estos momentos es que ya se hastiaron de tantos engaño y falsedad gubernamentales, atropellos, despojos, superexplotación de su mano de obra, crímenes, discriminaciones, injusticias y ultrajes a su dignidad.

Lo sorprendente es que el Presidente Santos, lejos de ponerle la cara a los graves problemas que está viviendo la sociedad colombiana, viaja a Estados Unidos para concertar acciones injerencistas contra la hermana República de Venezuela y a favor de la oposición oligárquica, violenta y golpista de ese país. Actitud condenable desde todo punto de vista.

Es inaceptable que de parte de voceros del Gobierno Nacional se tome a la corrupción de algunos funcionarios públicos de la región como pretexto para negar las debidas inversiones en la misma y justificar su estado de atraso. Pues la corrupción es un fenómeno nacional e impulsado desde las oligarquías nacionales. Quienes roban en las regiones generalmente no roban para ellos solos sino para partir con dirigentes nacionales y regionales, por ello los cubren con el manto de la impunidad. Este fenómeno se tiene que atenuar y extinguir con el debido cumplimiento de sus funciones constitucionales y legales de los organismos de control y vigilancia, y las instancias judiciales, tal como se hace en otras partes del mundo.

Frente a los incumplimientos y los engaños del Gobierno Nacional, tanto el Comité Cívico del Chocó como el Comité Cívico de Buenaventura, convocaron una vez más a sus respectivos pueblos a una jornadas de Paro Cívico, pero hasta la fecha desde la parte gubernamental  no se ofrecen las soluciones pertinentes y al contrario, se ha respondido con la represión de la fuerza pública contra los pacíficos manifestantes. Por lo tanto, todos estamos en el deber de participar activamente con nuestro apoyo a estas nuevas jornadas históricas de lucha por la redención y la dignidad de nuestros pueblos, al tiempo que se rechacen las acciones represivas y violentas contra los pueblos del Chocó y Buenaventura.

VIVAN LOS JUSTOS PAROS CÍVICOS DEL CHOCÓ Y DE BUENAVENTURA.


RECHAZO ROTUNDO A LA REPRESIÓN GUBERNAMENTAL CONTRA NUESTROS HERMANOS DE BUENAVENTURA Y EL CHOCÓ. 

viernes, 19 de mayo de 2017

¿COLAPSO INSTITUCIONAL O SALIDA DEMOCRÁTICA?

El Clan del Golfo entra en acción

Colombia en su encrucijada histórica…
¿COLAPSO INSTITUCIONAL O SALIDA DEMOCRÁTICA?
Popayán, 19 de mayo de 2017
“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
Antonio Gramsci
Lo que ocurre en Colombia en este instante de la vida nacional no sólo es paradójico sino que al igual que lo sucedido el pasado 2 de octubre de 2016, pareciera ser algo irracional e ilógico. No obstante, es parte de la complejidad de la vida. La clave es poder entenderlo.
Una guerrilla insurgente hace todos los esfuerzos por integrarse a la legalidad mientras amplios sectores de la sociedad, diversas instituciones estatales (fiscalía, corte constitucional, parte del Congreso), otros grupos armados ilegales, y el mismo gobierno que pactó con ellos su desmovilización e integración a la vida civil, o no se dan por enterados, o sabotean abiertamente el proceso, o entraban de una u otra manera la implementación de los acuerdos. Es cosa de locos.
Para poder aprehender esa realidad es necesario revisar los antecedentes. Intentaremos hacerlo así sea en forma sintética y panorámica para después plantear una mirada de la coyuntura y unas propuestas correspondientes.
1. El Estado colonial, el proceso de paz y los nuevos sectores sociales   
Un Estado colonial, profundamente corrupto, anti-nacional, clasista, racista, patriarcal y excluyente, que durante los años 80s y 90s del siglo pasado (XX) fue cooptado paralelamente por el capital trans-nacional y por las mafias de diverso tipo, viene haciendo agua –en continua crisis sistémica– desde hace varias décadas. Esas mafias son integradas por los “nuevos” terratenientes despojadores de tierras aliados a los capos del narcotráfico, grandes contratistas nacionales y transnacionales que no tienen la más mínima ética empresarial, y las poderosas cúpulas de burócratas corruptos coaligados desde lo local, lo regional y lo nacional. Es un fenómeno similar al que hoy se vive en México pero que se intenta tapar y camuflar con el llamado “proceso de paz” que, en últimas, se reduce al desarme de la guerrilla.  
Es un Estado fallido en permanente inestabilidad que se alimenta de la economía del narcotráfico y de múltiples economías de enclave (legales e ilegales como la petrolera, minera, agro-exportadora, etc.) pero, que a la vez se nutre del esfuerzo de cientos de miles de pequeños y medianos productores urbanos y rurales, y de millones de trabajadores formales e informales. En esa dinámica han surgido dos nuevos sectores sociales (burguesía emergente y “precariados”) que pugnan por sus intereses frente al aparato institucional de ese Estado que no se muestra capaz de integrar y asimilar esos intereses antagónicos sin sufrir graves tensiones e inestabilidades.
La aguda confrontación entre las mafias incrustadas en el Estado, por un lado, y los empresarios, los productores y los trabajadores, por el otro, cansados de tributar para una burocracia profundamente corrupta, genera conflictos y fisuras que amenazan con colapsar el sistema clientelista tradicional pero, a la vez, pueden desencadenar fuerzas sociales que en el inmediato futuro afectarían todo el régimen neoliberal.
La gran burguesía transnacional e imperial es consciente de esa situación. Por ello, ha diseñado una estrategia para asimilar a algunos sectores de la burguesía emergente –usando el “proceso de paz”– pero el organismo colonial heredado pareciera que no es capaz de soportar la combinación de las presiones internas (mafias) y las externas (nuevos sectores sociales). No son sólo los nuevos terratenientes (criminales y parásitos) los que se niegan a compartir partes del poder con las expresiones de la burguesía emergente sino que, en conjunto, las mayorías de quienes parasitan el Estado colonial temen que un verdadero proceso de democratización ponga en riesgo sus intereses[1].
Es en ese juego en el que se ha visto involucrada la guerrilla de las FARC. Los partidos del establecimiento, incluyendo al Centro Democrático (“uribismo”), utilizan los acuerdos para impulsar una reforma política que les concede migajas institucionales a los insurgentes (curules en el Congreso, asambleas departamentales y concejos municipales) pero paralelamente les cierran los espacios a los partidos minoritarios que pudieran desarrollar una competencia seria en el terreno electoral. Ellos saben que la expresión política de la insurgencia a corto plazo tiene un techo limitado y que no significa un peligro real.
Además, los jefes insurgentes han planteado que piensan jugar electoralmente al lado de los “liberales sociales” y de otros sectores del establecimiento que han impulsado el proceso de Paz para constituir un “gobierno de transición”. Esa es una fórmula que la burguesía transnacional y el imperio estadounidense ven con buenos ojos dado que les permite –en forma ideal– implementar los acuerdos especialmente en el tema de tierras, que no es otro que abrir amplios territorios a la inversión transnacional mientras le hacen “pequeños retoques sociales” a las zonas marginadas y marginales en donde tradicionalmente las FARC tienen sus bases de apoyo. Es con esa “cuota territorial” y entrega de riqueza que piensan financiar el “post-conflicto”, no tienen más.
Es por lo menos lo que en teoría se plantea aunque otra cosa será la implementación práctica ante la realidad de que en dichas zonas marginadas y marginales, la economía del narcotráfico tiene su propia dinámica transnacional y criminal que, es aprovechada, a su vez, por toda clase de grupos armados ilegales que aspiran a controlar esos territorios y el flujo de dinero que se mueve a su alrededor. Dentro de esos grupos están los que hoy se mueven con el Clan del Golfo, los reductos de las llamadas Bacrim, el EPL, el ELN y las disidencias de las FARC que pueden ir fortaleciéndose con el tiempo. Eso no le preocupa al gran capital aunque aparente lo contrario.             
Las organizaciones sociales, políticas y gremiales que intentan representar esas fuerzas en colisión sufren las consecuencias de ese proceso complejo. Las fuerzas sociales que juegan dentro de ellas entran también en tensión y generan divisiones internas. Es todo el “organismo” el que está cambiando y en medio de ese movimiento va surgiendo lo nuevo. Es por ello que todos los partidos políticos están sufriendo múltiples divisiones internas y realineamientos, de acuerdo a los diversos intereses de clase u otros acumulados históricos (étnico-regional-cultural). Una mirada ligera diría que esa situación se presenta por efecto del “proceso de paz” pero, en realidad, es un proceso más profundo en donde la terminación del conflicto armado es consecuencia de los movimientos estructurales que están en choque tanto en el mundo como en la región latinoamericana y el mismo país.    
La gran pregunta es: ¿Podrá el organismo colonial y corrupto asimilar y domesticar a las nuevas fuerzas sociales que pujan por sus intereses o se impondrán nuevas dinámicas que lleven al colapso del viejo sistema y finalmente se desencadenen las fuerzas del cambio?
¿El “gobierno de transición” que se plantea se pondrá al servicio de la asimilación progresiva sin transformar el “organismo colonial” o servirá para desencadenar lo nuevo?
Lo que estamos observando es que las fuerzas que buscan integrarse a la legalidad han empezado a asimilarse a lo viejo –obligados por las circunstancias que incluyen su propia concepción política– porque son fuerzas que están desconectadas de los sectores sociales citadinos que ellos no entienden (empresarios, clases medias y precariado) y, además, no tienen suficientemente claro lo que ocurre con los sectores de la sociedad que los adversan. Es la paradoja del momento.
2. La coyuntura: Gran desorden, gran confusión, gran revolcón
Como parte de la crisis sistémica en que ha permanecido el Estado colombiano, se han presentado en los últimos 40 años diversas expresiones de organización y movilización social que han tenido importantes momentos de beligerancia. Entre esos picos de auge se pueden destacar la lucha por la tierra encabezada por la ANUC a finales de los años 60s y principios de los 70s; el paro cívico nacional de 1977; los múltiples y permanentes paros cívicos locales y regionales de la década de los años 80s; las movilizaciones cocaleras de 1994; y desde 2008 hasta 2016, se desarrollaron importantes movimientos populares y paros de cobertura nacional (cafeteros, agrarios, estudiantiles, mineros, indígenas, etc.) que han sido descritos y estudiados por Edwin Cruz Rodríguez en su libro “Caminando la palabra” (http://bit.ly/2qwdfgk).
Ahora, a mediados de 2017 se vinieron en avalancha los paros cívicos de los “de abajo” (Chocó, Buenaventura), el paro nacional de maestros, el paro de trabajadores estatales y de la justicia, y se anuncian movilizaciones campesinas e indígenas en diversas regiones del país. Pero además, se multiplican las consultas populares contra la minería depredadora “a cielo abierto”, las revocatorias de alcaldes corruptos y privatizadores, y la gente empieza a organizarse a todo nivel. La indignación por los escándalos de corrupción (Reficar, Odebrecht y otros) va por debajo, mellando la credibilidad en la democracia representativa y acumulando inconformidad en diversos ámbitos de la sociedad.
“Los de arriba”, las castas dominantes y corruptas, están desconcertados y asustados. Temen el “desorden” y tratan de frenar todo. Solo atinan a plantear su tradicional fórmula al calor del “proceso de paz”: reformas en el papel (leyes) y violencias represivas de todo tipo (esmad, bacrim, nuevos “paras”, etc.), pero en la práctica quieren cerrar (domesticar) la poca democracia existente, como ya sucede con el Consejo Nacional Electoral que pretende modificar las normas de la revocatoria del mandato de alcaldes y gobernadores, y con el gobierno central que impulsa una supuesta reglamentación de la consulta previa a las minorías étnicas, que de seguro va a tocar y limitar las consultas populares locales.
Se presenta el contrasentido de que estas fuerzas conservadoras del establecimiento quieren utilizar el “proceso de paz” para arreglar de afán (vía “fast track”) lo que sólo tiene arreglo con el desencadenamiento de la más amplia organización y movilización ciudadana y popular. Pretenden hacer creer que con cambios cosméticos a las leyes van a democratizar el país por decreto, mientras la realidad de violencia, la presencia de mafias regionales, el fortalecimiento de los monopolios de contratistas corruptos manejados por sus políticos y los ventajismos en los organismos del Estado, no solo no se tocan sino que en forma descarada se aúpan sin ninguna vergüenza, como ocurre con el caso del Fiscal General y sus relaciones indebidas y fraudulentas con Luis Carlos Sarmiento Angulo, el más grande multimillonario del país, quien quita y pone lo que quiere dentro del Estado. 
3. La fábula del atracador y el atracado
La situación del pueblo colombiano se asemeja al siguiente símil[2]: “Un atracador armado hasta los dientes asalta a un experto en artes marciales y le roba todas sus pertenencias. Lo viola y humilla pero le “perdona” la vida. Al atracado le da vergüenza reconocer lo sucedido y muestra el hecho de que salió vivo del incidente como un gran triunfo. Pretende no perder prestigio ante sus conocidos. El atracador se da cuenta de la debilidad del atracado y como tiene pruebas de la “violación” decide convertir el hecho en una estafa continuada. De esa manera, el hombre atracado se ve obligado a presentar al atracador como si fuera un tipo buena gente, respetuoso de la vida y llega al extremo de aceptar que en gran medida él provocó el atraco” (http://bit.ly/2qs4vrs).

Así estamos los colombianos, frente a una clase política corrupta y a una oligarquía imperial que logró instrumentalizar el conflicto armado a su favor y ahora instrumentaliza la “paz”. Ellos lograron convertir a las víctimas en violadores; a los rebeldes en “terroristas”; al Estado despojador en “protector”; a los ladrones y atracadores en “pacifistas” y “demócratas”. Y lo hacen -además- utilizando la amenaza del “coco” uribista. Es una verdadera estafa y chantaje en donde las víctimas terminan creyendo en sus opresores y le “lavan la cara” a los “atracadores buenos”, a los que supuestamente les perdonan la vida, para poder librarse del “atracador malo”, del asesino en la sombra.
4. El necesario debate para enfrentar el momento
Tres grandes temas han sido planteados al interior del campo popular para enfrentar el momento: 1) El cumplimiento y la implementación de los acuerdos con las FARC; 2) La lucha contra la corrupción político-administrativa; 3) Las políticas neoliberales.

El problema es determinar la prioridad, lo principal, lo táctico. A Uribe le conviene polarizar la sociedad en torno al tema de la “paz” (que él y su partido pretenden convertir en una santa cruzada contra el “castro-chavismo” que incluye la defensa de la moral, la familia, las buenas costumbres y la propiedad privada). A los corruptos “santistas” y a la gran burguesía transnacional le interesa hacernos creer que la “implementación de los acuerdos” garantiza automáticamente la democratización del país pero sin tocar para nada lo esencial y determinante para el país.

Otros pensamos que el énfasis debe estar en el tema de la corrupción política-administrativa, la recuperación del aparato productivo y la defensa del medio ambiente. No se trata de aprobar nuevas leyes sino de impulsar una política con hechos concretos. Para empezar, no podemos aliarnos con ninguna fuerza politiquera tradicional, y por el contrario, la idea es construir una fuerza política con todos aquellos que están de acuerdo con la conformación de una “tercería” para despolarizar al país (no uribista, ni santista y menos vargas-llerista).

Por lo anterior, estamos de acuerdo con apoyar el cumplimiento de los acuerdos pero creemos que tácticamente no es positivo colocar ese objetivo como prioritario o central en nuestra propuesta política. Además, lo de enfrentar con “todo” el neoliberalismo, tampoco es muy conveniente, no porque no sea un objetivo importante sino porque en la coyuntura actual debemos acumular una fuerza mucho más amplia, incluyendo a empresarios medios y profesionales que identifican la lucha anti-neoliberal con el “nacionalismo estrecho”, creen que esa lucha se reduce a la negación de los TLCs (que ellos han aprovechado), y además, relacionan todo lo anti-neoliberal con políticas y soluciones “estatistas” (paternalistas, asistencialistas) que están fracasando en algunos países vecinos.

Nuestra propuesta es que hay que ir despacio, unir amplias fuerzas anti-politiqueras y anti-corruptas, y avanzar con un gobierno “moderado” mientras se consolida una verdadera fuerza social y, dentro de ella, se construyen nuevas visiones, se fortalecen nuevos sectores sociales, y se consolida un verdadero movimiento y proyecto político que nos permitan avanzar en forma consistente hacia el futuro. O sea, se trata de no torear el “avispero” sin tener con qué responder (que fue lo que le ocurrió a Petro en la alcaldía de Bogotá). Pero claro, aprovechar la oportunidad servida.
5. Desencadenar las fuerzas democráticas y construir una “tercería ciudadana”
La democracia sólo se construye con verdadera “fiesta democrática” y ésta sólo surge cuando se desatan las fuerzas reprimidas y subterráneas de los pueblos y las comunidades excluidas. Para hacerlo en Colombia es urgente y perentorio construir una “tercería ciudadana” para superar la polarización política entre Santos y Uribe, entre la “paz” y la guerra, y no caer en la dinámica que se está viviendo en Venezuela.
Es evidente que si no surge esa tercería política, Uribe y sus aliados tienen todas las condiciones para recuperar el gobierno en 2018. Si ello ocurre, la guerra se acrecentará y Colombia va a entrar en una dinámica peor que la que teníamos antes. La violencia –hoy liderada por los grupos armados ilegales que hacen parte del "Clan del Golfo"– ya ha empezado a aflorar mortalmente. Es una violencia muy similar a la que hoy se vive en México y tiene como base de apoyo a viejos y nuevos grupos paramilitares que se alimentan del narcotráfico y de la minería ilegal.

Una coalición política liderada por las fuerzas “santistas” que estuvieron al frente de la negociación de La Habana, con el apoyo del nuevo movimiento que organicen las FARC y un sector de la izquierda, no tiene la más mínima posibilidad de competir por la Presidencia en 2018, como ya se comprobó el pasado 2 de octubre, cuando estos sectores tenían el manejo del aparato del Estado, el soporte de todas las fuerzas democráticas y de izquierda, el apoyo de la comunidad internacional, de Obama y hasta del Papa. En 2018 esa situación no será igual, Cambio Radical y Vargas Lleras se van a separar de esa “unidad nacional”, los de la “U”, liberales y conservadores se van a dividir, la Alianza Verde y una parte del Polo ya no están y, además, la presencia de sectores corruptos de la clase política tradicional y la carga negativa que arrastra la insurgencia, no le permitirían obtener el respaldo de las mayorías.   

Sólo una “tercería”, ojalá alimentada y estimulada por una candidatura “outsider” presentada por un auténtico “movimiento ciudadano”, podría reforzar la incipiente y todavía vacilante “alianza anti-corrupción” que parece configurarse en cabeza de Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo. Esa gran “tercería” política podría atraer a sus filas a Gustavo Petro, alejándolo de los sectores corruptos del establecimiento liberal-santista, y mediante una estrategia totalmente amplia, no partidista, de “nuevo tipo”, aprobando un programa adecuado a las circunstancias especiales del momento y unos procedimientos claros y transparentes para escoger el candidato, podría colocarse a la cabeza de una “ola democrática” que por primera vez derrotara a nivel nacional a la casta política tradicional y clientelista.

Esas son las dos tareas que hay que desarrollar. Construir en forma ágil y oportuna ese “movimiento ciudadano” que presente y posicione un candidato proveniente de ambientes diferentes a la política; y paralelamente, alimentar y consolidar esa “tercería” o gran coalición de las fuerzas sanas de la nación para derrotar la corruptela santista, uribista y vargas-llerista.

Si nos lo proponemos lo haremos.     

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] El deslinde de Germán Vargas Lleras separándose de la Unidad Nacional “santista”, las acciones del Fiscal General, las componendas en las Cortes Judiciales y la actitud de la mayoría del Consejo Nacional Electoral son muestras fehacientes de esa situación.
[2] Es un símil para visualizar la "trampa ideológica" (el "síntoma" de que hablan Lacan y Zizek) que consiste en ese "algo" que hay en nuestro interior que nos impide "ver" la realidad tal como es. Ese "algo", en nuestro caso, no es otro que el "espíritu cortesano".

miércoles, 17 de mayo de 2017

LA FÁBULA DEL ATRACADOR Y EL ATRACADO

LA FÁBULA DEL ATRACADOR Y EL ATRACADO

Popayán, 17 de mayo de 2017

Un atracador armado hasta los dientes asalta a un experto en artes marciales y le roba todas sus pertenencias. Lo viola y humilla pero le "perdona" la vida.

Al atracado le da vergüenza reconocer lo sucedido y muestra el hecho de que salió vivo del incidente como un gran triunfo. Pretende no perder prestigio ante sus conocidos.

El atracador se da cuenta de la debilidad del atracado y como tiene pruebas de la "violación" decide convertir el hecho en una estafa continuada.

De esa manera, el hombre atracado se ve obligado a presentar al atracador como si fuera un tipo buena gente, respetuoso de la vida y llega al extremo de aceptar que en gran medida él provocó el atraco.

Así estamos los colombianos, frente a una clase política corrupta y a una oligarquía imperial que logró instrumentalizar el conflicto armado a su favor y ahora instrumentaliza la "paz".

Ellos lograron convertir a las víctimas en violadores; a los rebeldes en "terroristas"; al Estado despojador en "protector"; a los ladrones y atracadores en "pacifistas" y "demócratas".

Y lo hacen -además- utilizando la amenaza del "coco" uribista.

Es una verdadera estafa y chantaje en donde las víctimas terminan creyendo en su opresores y le "lavan la cara" a los "atracadores buenos", a los que les perdonan la vida, para poder librarse del "atracador malo", del asesino en la sombra.

&&&&&&

Un símil de cómo la "trampa ideológica" (el "síntoma" de que hablan Lacan y Zizek) consiste en ese "algo" que hay en nuestro interior que nos impide "ver" la realidad tal como es. Ese "algo", en nuestro caso, no es otro que el "espíritu cortesano".

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

lunes, 15 de mayo de 2017

EL GRAN CAPITAL Y LOS TRABAJADORES FRENTE A LA COYUNTURA POLÍTICA EN COLOMBIA

Una “paz neoliberal con pequeños retoques sociales”…
EL GRAN CAPITAL Y LOS TRABAJADORES FRENTE A LA COYUNTURA POLÍTICA EN COLOMBIA
Popayán, 16 de enero de 2017
Frente a las luchas de la humanidad por rescatar la democracia que está secuestrada por la burguesía financiera y por garantizar la supervivencia de la humanidad ante las mortales amenazas que se ciernen sobre su futuro, como el cambio climático, el peligro de guerras nucleares o el impacto de virulentas epidemias, el único sector de las actuales clases sociales que está en condiciones de dinamizar las luchas sociales en cada nación, región y en lo global- planetario, son los “trabajadores precariados” (profesionales, tecnólogos, técnicos y otros).
Son en su gran mayoría trabajadores asalariados de empresas privadas o estatales, o también, son profesionales emprendedores dueños de cientos de miles de Pymes (pequeñas y medianas empresas). Este sector de clase es el único que crece en número y se desarrolla cualitativamente para enfrentar su devenir inmediato. Se capacitan tanto en lo técnico como en lo intelectual pero sus condiciones de vida y de trabajo se deterioran exponencialmente. Sus ingresos económicos no se corresponden con la formación académica. La “tercerización laboral” y el desempleo los golpea con fuerza. Viven endeudados, trabajan muchas horas y sufren de estrés laboral más que el promedio. Son “precariados” y “precarizados”[1].
El resto de clases y sectores sociales subordinados pueden ser grandes aliados pero –por sí mismos– no están en las mejores condiciones de tomar la iniciativa. La clase obrera industrial está en decrecimiento por efecto de la automatización tecnológica y políticamente se encuentra a la defensiva. Los campesinos y pequeños productores del campo y de la ciudad se encuentran a merced de los intereses de la gran burguesía transnacional, de la burguesía agraria y emergente, y sus luchas son fácilmente conducidas hacia reivindicaciones y proyectos puntuales y sectoriales perdiendo la dimensión política general.
Otros sectores de la sociedad que se han hecho visibles por su luchas particulares como los inmigrantes, indígenas, afro-descendientes, mujeres, jóvenes, LGTBI, trabajadores culturales, ambientalistas, etc., pueden ser grandes aliados de las luchas democráticas y anti-sistémicas, pero es importante entender que son fracciones de la población que pueden ser divididos por los intereses de clase, y además, sus reivindicaciones deben ser trabajadas con paciencia estratégica a fin de no dejarnos llevar a terrenos “ideológicos” favorables a las corrientes neo-populistas conservadoras y proto-fascistas que utilizan la discriminación y el odio focalizado para engañar a los sectores más atrasados de la sociedad (como ha ocurrido con el aborto, el matrimonio y la adopción entre parejas homosexuales, los derechos de los inmigrantes, etc.) 
&&&&&&
En el caso de Colombia, en este instante de la vida nacional en que termina parcialmente el conflicto armado, la gran burguesía transnacional juega a dos (2) bandas, impulsando propuestas políticas paralelas pero combinadas. Ellas son:
Una, en la que utilizan a la burguesía burocrática (los Samper, Serpa, De la Calle, Roy Barreras, Benedetti, etc.) para ganar para su “paz neoliberal con pequeños retoques sociales” a la burguesía emergente surgida de la acumulación de capitales del narcotráfico y de la minería ilegal, y además, cooptar a importantes sectores de trabajadores del Estado que siguen a un sector de la “izquierda”. Su instrumento principal es el chantaje del “coco” uribista y el enfrentamiento entre fuerzas populares alrededor del “proceso de paz”.
La otra, la impulsan con gente de sus entrañas. Es la que en verdad les interesa. La construyen desde hace rato con Germán Vargas Lleras. Tienen un entramado clientelista bien aceitado con grandes contratistas y mafias regionales que aparentan jugar con los “liberales sociales” pero que en su momento darán el salto. Además, a los grandes terratenientes y empresarios del campo les adecuan los contenidos de la “ley de tierras y de baldíos” y les abren expectativas de participar en grandes inversiones con conglomerados transnacionales que tienen puesta su mirada en los territorios de la Orinoquía, Amazonía, Chocó Bio-geográfico, para constituir grandes zonas francas, turísticas, mineras y agro-industriales.
Frente a esa estrategia política de la gran burguesía transnacional que cuenta con el apoyo del imperio estadounidense pero que prepara proyectos con capitalistas europeos, chinos, brasileros, etc., los trabajadores (incluyendo a los “precariados”) y las clases medias que constituyen las mayorías sociales en las grandes ciudades, vienen construyendo –en medio de vacilaciones pero empujados por las circunstancias– una propuesta que desenmascare los intereses transnacionales y corruptos que pretenden engañar con la cobertura de la “paz” a las mayorías nacionales.
Es indudable que esa propuesta “ciudadana” debe estar totalmente alejada y deslindada de las cúpulas uribistas y santistas. No puede construirse tampoco con la burguesía burocrática que sólo se sostiene con base en el uso clientelar y corrupto del aparato del Estado. Tampoco tiene nada que hacer con las mafias de contratistas de Vargas Lleras. Solo puede construirse con el grueso de los trabajadores, los profesionales precariados, las clases medias y algunos empresarios decentes que han demostrado estar dispuestos a enfrentar la corrupción y la politiquería. Ese frente de clases deberá buscar a los otros sectores de clases, a campesinos, indígenas, afros y demás, para ganarlos para su causa.
Las propuestas programáticas que sustentan a ese “frente de clases subalternas” ya vienen siendo trabajadas y luchadas desde hace décadas: 1) La lucha “con dientes” contra la corrupción política-administrativa es uno de los temas principales; 2) La recuperación y el desarrollo del aparato productivo para generar empleo digno, de alta calidad tecnológica, sobre la base de industrializar y procesar nuestras materias primas y construir una base alimentaria sostenible, es uno de los puntos que aglutina los intereses de amplios sectores sociales urbanos y rurales; 3) La defensa del medio ambiente, de nuestra naturaleza y recursos hídricos frente a la depredación extractivista debe ser parte de nuestro programa, sin caer en posiciones fundamentalistas y analizando cada caso concreto en particular, con participación de las comunidades efectadas. Y al lado de estos tres temas, se deben impulsar iniciativas integrales sobre la salud y la educación.
Es absolutamente claro que a la gran burguesía transnacional no le preocupa en lo más mínimo si esa doble estrategia que impulsa, pueda ser finalmente aprovechada por el “uribismo” y las fuerzas más retardatarias y guerreristas del país para acceder al gobierno en 2018 y “hacer trizas los acuerdos de paz”. Ya lo demostró el pasado 2 de octubre de 2016, en donde esa oligarquía aprovechó el triunfo del NO para recortar los acuerdos con las FARC y cederle a los intereses criminales de Uribe y sus cómplices, militares, financiadores y perpetradores de la estrategia para-militar. Ellos, en el fondo, son de los mismos y sólo se diferencian en la táctica para desarmar a la insurgencia.
Por todo lo anterior, es completamente necesario que organicemos un “gran movimiento ciudadano”, que con base en el programa propuesto (y otros puntos, si son necesarios) presente y proponga un candidato presidencial “outsider” que nos ayude a unificar a las fuerzas políticas y sociales que entienden la gravedad del momento (que ya tienen sus candidatos y candidatas) y estén dispuestas a unirse para derrotar los planes de una oligarquía a la que sólo le interesan sus negocios e inversiones, y que ya ha demostrado que sólo utiliza la “paz” como un engaño y una trampa.
El momento es de máxima tensión. Las cartas están sobre la mesa. No podemos ser ingenuos. No habrá reforma política ni agraria de carácter democrático. Mientras no derrotemos a politiqueros y corruptos no habrá verdadera paz. La oligarquía no respetará nada, ya están reformando la consulta previa de las minorías étnicas y desconocen las consultas populares locales que han rechazado la minería a cielo abierto en muchos municipios.
E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado




[1] Guy Standing, “El precariado: La nueva clase peligrosa”. Bloomsbury Academic, Londres: 2011. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

NUEVA FILOSOFÍA; NUEVO LENGUAJE

NUEVA FILOSOFÍA; NUEVO LENGUAJE

Popayán, 3 de mayo de 2017

Todas las personas cambiamos pero la mayoría no somos capaces de despojarnos de algunas cosas que impiden que esos cambios se concreten.

Tenemos miedo de cambiar, nos da temor que quienes nos quieren o aman, se alejen de nosotros porque aceptamos esos cambios.

Pero es al revés, si no cambiamos, la vida se vuelve sosa y rutinaria, y entonces, nos auto-derrotamos y conformamos con lo existente y desgastante. Y así, nos volvemos cínicos. 

Colombia y el mundo han cambiado pero la dirigencia social y política no se ha puesto a la altura de esos cambios.

En eso consiste la crisis de dirección revolucionaria que hoy estamos viendo y viviendo en el mundo entero.

Los trabajadores hemos cambiado mucho (la mayoría ya no trabaja con las manos, no tiene un "patrón visible" al cual reclamarle, es "precariado" y disperso);

Los indígenas, también han cambiado (se han ido integrando al mundo global sin dejar de ser lo que son, aunque cambian);

Los campesinos y afros, mucho más (algunos viven con un pie en el campo y otro en la ciudad, se han tecnificado, han cambiado sus instrumentos, producen para el mercado).

Lo jóvenes y las mujeres de hoy son muy diferentes a los de ayer. El sentido de autoridad ha cambiado, hay mayor búsqueda de libertad y autonomía.  

Pero los "revolucionarios" seguimos trabajando con esquemas de los siglos XIX y XX, no hemos renovado ni nuestro pensamiento ni nuestra práctica.

Nos toca ponernos a la altura de esos cambios si queremos realmente impactar en el mundo.

Por ello... un "Nuevo Proyecto Político", un "movimiento ciudadano de nuevo tipo", requiere con urgencia una "nueva filosofía" y un "nuevo lenguaje".

Debemos y tenemos que trabajar colectivamente ese tema. ¿Qué aspectos de esa filosofía y lenguaje nos parecen más importantes y básicos?

Y debemos hacerlo de una forma sencilla pero profunda.

&&&&&&&


La filosofía que heredamos la mayoría de los colombianos ("mundo occidental") viene desde Platón. La religión cristiana se alimentó de ella, la adoptó y adaptó. Hoy se requiere algo diferente y está emergiendo al calor de las “ciencias de la complejidad”, integrando pensamientos y cosmovisiones que habían sido desechadas por un "cientificismo" y una lógica mecanicista que ya no sirve para explicar el mundo. 

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

lunes, 1 de mayo de 2017

EL CAUCA (COLOMBIA): SOCIEDAD ABIGARRADA, PUEBLOS REBELDES, FUTUROS POSIBLES

El Cauca (COLOMBIA): sociedad abigarrada, pueblos rebeldes, futuros posibles
Bogotá, 1° de mayo de 2017
Reseña elaborada por Edwin Cruz Rodríguez al libro “El Cauca en su momento de cambio” escrito por el activista social Fernando Dorado.  
En este conjunto de trabajos, Fernando Dorado nos brinda una imagen compleja, abigarrada, del Cauca. Cada una de sus líneas nos revela diversas tonalidades de la realidad departamental, que a simple vista corren el riesgo de pasar desapercibidas pues únicamente se presentan ante el observador paciente y su trabajo prolongado. El saber privilegiado de quien ha dedicado toda una vida a caminar al lado de los pueblos de esta región se nos ofrece generosamente, con la esperanza de contribuir a las luchas del presente y del futuro.
La primera parte articula distintos niveles de análisis –las relaciones entre las escalas local, nacional y global, la enmarañada dialéctica entre las estructuras sociales, económicas y políticas, las herencias culturales, los antagonismos, las relaciones interétnicas e interculturales y la acción de los distintos sujetos que habitan la región– con el fin de explicar su desenvolvimiento histórico y su situación contemporánea. Una de sus hipótesis, demostrada con abundantes datos, es que desde hace aproximadamente tres décadas la estructura social experimentó un cambio radical: un derrumbe del sistema social establecido desde la colonia, soportado en los mecanismos clientelares desplegados por la aristocracia payanesa para dividir a los sectores populares mestizos, afrodescendientes e indígenas.
Determinantes en el deterioro de esa estructura de dominación, fueron las luchas indígenas por la tierra desde fines de los años sesenta del siglo pasado. Pero, de fondo, debido a su mentalidad feudal, que privilegió la acumulación y la ostentación, esa aristocracia no consiguió adaptarse a los procesos de modernización y a la vinculación de la región con el planeta por la vía del mercado. Por ejemplo, la importación de trigo, gracias a la “revolución verde” en EE.UU., llevó a la quiebra de esa industria.
Sin embargo, existen distintos ritmos en este proceso de transición estructural, puesto que el declive de la sociedad señorial no coincide de manera inmediata con el ascenso político de los subalternos, manteniéndose así una articulación entre la aristocracia en declive con sus mediadores políticos mestizos de origen yanacona, gracias a la sobrevivencia del “espíritu cortesano”, y con la burguesía vallecaucana, o bien apoyándose en el paramilitarismo y las mafias narcotraficantes para mantener los restos de su dominación política.
Este contexto posibilita la entrada con fuerza del capitalismo de despojo, que se manifiesta no sólo en la concentración de la propiedad territorial sino también en el ingreso de grandes empresas transnacionales mineras y de agrocombustibles, en particular con cultivos de caña de azúcar destinados también a la producción de etanol que monopolizan más del 95% del fértil valle geográfico del río Cauca, y que producen una gran presión sobre las poblaciones y el medio ambiente natural, especialmente sobre las fuentes de agua, dado que el departamento es la principal reserva fluvial del país.
Así pues, las articulaciones entre los distintos sectores populares, la diversidad de pueblos indígenas, mestizos y afrodescendientes, en defensa del territorio y del agua han tenido que enfrentar la criminalización y la represión oficial y para-oficial, que se expresa mediante la persecución, los asesinatos, las masacres y los desplazamientos forzados, además de las tensiones internas, interétnicas e interculturales, a menudo manipuladas por los grupos hegemónicos en su propio provecho. Los subalternos han conseguido defender sus propias concepciones del desarrollo frente al modelo dominante, concepciones que empiezan por respetar las formas de vida local y las relaciones que durante siglos las distintas comunidades han establecido con el entorno natural pero, como dice Dorado, a este sancocho todavía le falta un último hervor: si fuese posible conciliar la unidad en la diversidad, privilegiar los intereses comunes sobre los particulares sin negar éstos últimos, sus luchas darían un salto cualitativo transcendental.
La segunda parte reúne un conjunto de narraciones que exploran registros distintos al analítico, no obstante destinados a aprehender la misma realidad. Los distintos relatos, articulados en torno a la experiencia y presentados en una prosa muy vital, descubren una cantidad de matices que en el análisis habría que presentar de manera fragmentada pero que aquí cobran sentido en función de cada historia. La narrativa permite integrar todo el panorama con la coherencia y las contradicciones propias de la vida en un contexto socio-histórico concreto. Es también un homenaje, algunas veces con nombre propio, a personas de abajo que valerosamente han resistido de diversas formas. En cada relato la realidad es tomada como una metáfora, como un símbolo que a partir de un caso particular ilumina el mundo de la vida de la gente de abajo cuyo trabajo, como bien dice Dorado, es el motor de la realidad social.
En fin, la contribución de Fernando Dorado está basada en un conocimiento situado que brota de la experiencia y se proyecta para abarcar la realidad del departamento desde distintas perspectivas y registros, consigue dar cuenta de su realidad compleja y multidimensional en un estilo sintético y fluido, de fácil comprensión, y que privilegia siempre el trabajo y la mirada de los de abajo.

sábado, 29 de abril de 2017

NO HABRÁ APERTURA DEMOCRÁTICA EN COLOMBIA

 ¿“Fast Track” al servicio de la antidemocracia?

NO HABRÁ APERTURA DEMOCRÁTICA EN COLOMBIA

Popayán, 29 de abril de 2017

“Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Albert Einstein

El colmo de los colmos. Lo ocurrido en Colombia es para escandalizarse. Se impulsa una reforma política antidemocrática usando el “fast track” del proceso de paz que afecta negativamente a los partidos minoritarios; el Fiscal General no acude al Congreso de la República para afrontar los cuestionamientos planteados por senador Robledo en el caso de Odebrecht pero –cínica y arteramente– ataca al citante del debate; y el partido de la Alianza Verde es sancionado por el Consejo Nacional Electoral lo que le impedirá postular candidatos a concejos en 64 municipios, incluyendo el Distrito Capital, en próximas elecciones.

Esa es la respuesta del establecimiento dominante en Colombia –corrupto hasta los tuétanos– que no está dispuesto a democratizar el país. Está visto que van a tratar de tapar los escándalos de corrupción o minimizarlos al máximo. El Fiscal ahora utiliza los “presuntos” actos de corrupción en Reficar, todavía en investigación, para desviar la atención de los graves hechos de sobornos y corrupción comprobada en el caso de Odebrecht. Ver para creer.

Acabar con el voto preferente, no implementar el voto electrónico, mantener la financiación privada en las campañas electorales, conservar umbrales y demás trampas que afectan a los partidos minoritarios, son señales de que las castas dominantes no están dispuestas a abrir los más mínimos espacios de participación política en el país.

Pero lo más escandaloso es que las fuerzas insurgentes que están en proceso de sumarse a la política legal y demás fuerzas políticas aliadas o cercanas a ellas, que siempre han afirmado que el principal objetivo del proceso de paz es democratizar el país, no se dan por afectados. Está visto que a las FARC lo que les interesa es participar en una especie de co-gobierno “de transición” y que están dispuestos a hacerlo con toda clase de políticos corruptos.

Además, parece que no desechan aliarse con Vargas Lleras –como acaba de decir Roy Barreras– cuando éste se comprometa a darle continuidad al “proceso de paz”. Muy pronto le harán un “lavado de cara” al ex-vicepresidente para que haga parte del “bloque gobiernista” para defender el legado de Santos. Éste no es otro que darle continuidad al programa neoliberal usando de cobertura de la “paz”. Las numerosas ONGs y contratistas que durante años se han preparado para administrar el “post-conflicto” son las que verdaderamente los unifican para defender con uñas y garras su permanencia en el gobierno.  

Pero también, hemos observado cómo la gran prensa trata ocultar la profunda crisis moral del establecimiento dominante. Utilizan noticias varias como la crisis de Venezuela, las violaciones y asesinatos de niños y mujeres, los desastres naturales, el “proceso de paz”, etc., para tratar de tapar los escándalos de corrupción o de generar una matriz de opinión enlodando a todos los actores políticos. “La corrupción es generalizada, ningún partido político se salva” dicen los titulares. La descomposición de la clase política tradicional se intenta legitimar como un fenómeno que involucra a todos. Es una forma de invisibilizar a los verdaderos corruptos.  

La crisis de legitimidad de la “falsa democracia” colombiana y el marasmo existente dentro de la población que no cree en nada ni en nadie que haga parte de “la política tradicional”, nos obliga a realizar los máximos esfuerzos por reaccionar, diseñar e impulsar una estrategia realmente nueva. Con “más de lo mismo” llegaremos en 2018 a un escenario semejante al del pasado 2 de octubre. Igual a lo que acaba de ocurrir en Francia, y que se viene repitiendo en el mundo (Perú, EE.UU., etc.), o sea, que en las segundas vueltas electorales hay que escoger entre lo “malo” y lo “peor”. En Colombia, entre el candidato de Uribe y el candidato de Santos (Vargas Lleras-De la Calle).    

Hasta ahora, los esfuerzos individuales que hacen algunas personalidades políticas como Claudia López o Jorge Enrique Robledo no logran romper la dinámica de escepticismo e incredulidad de la gente. Hay que pensar en algo diferente, que unifique a las “fuerzas sanas” de la nación para constituir una fuerte “tercería” política que nos permita superar la polarización entre Uribe y Santos, que es el instrumento de las castas dominantes para monopolizar el Estado y evitar el surgimiento de alternativas efectivamente democráticas.


E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

sábado, 22 de abril de 2017

EL DESENCUENTRO ENTRE LUCHAS SOCIALES Y LAS IZQUIERDAS EN COLOMBIA

Sobre el libro “Caminando la palabra” de Edwin Cruz Rodríguez…

EL DESENCUENTRO ENTRE LUCHAS SOCIALES Y LAS IZQUIERDAS EN COLOMBIA

Bogotá, 24 de abril de 2017

En días pasados, Ediciones Desde Abajo (Colombia) publicó el libro de Edwin Cruz Rodríguez con el título “Caminando la Palabra - Movilizaciones sociales en Colombia 2010-2016”. Es un esfuerzo de investigación y de análisis que merece ser destacado, leído y valorado. Son nuestras luchas vivas que enseñan y muestran su verdad en el tiempo.

Llama la atención una de las principales conclusiones de ese juicioso y detallado trabajo. El autor dice en la parte final del texto: “Mientras la protesta social ascendió en magnitud y alcance desde 2011, tanto en las elecciones locales de 2014 como en las parlamentarias y presidenciales de 2015 se evidenció un marcado retroceso para la izquierda cuyo corolario fue la pérdida de la alcaldía de Bogotá, su bastión durante casi una década[1].

En otro aparte del libro plantea: “En suma, mientras las organizaciones de la izquierda política electoral y coaligadas en el PDA sufrían una fragmentación, las organizaciones sociales que de ellas dependen, fueron capaces de agenciar el más importante ciclo de acción colectiva de las últimas décadas. En otras palabras, la unidad de la izquierda en lo social no se tradujo en el campo político electoral[2]

Y finalmente remata: “Así pues, mientras la izquierda social consigue articularse para agenciar grandes protestas, la izquierda política tendió a fragmentarse, de tal manera que le fue imposible “capitalizar” el ciclo de protestas en el terreno político electoral[3].

El politólogo de la Universidad Nacional, quien es un prolífico escritor y analista de las luchas sociales colombianas y latinoamericanas, usa y aplica en la elaboración de este texto unas interesantes herramientas de investigación y análisis y realiza un importante esfuerzo por reseñar, describir e interpretar la naturaleza de los movimientos sociales que se manifestaron en las recientes luchas agrarias, indígenas, campesinas, mineras y estudiantiles sucedidas en los primeros 7 años de la segunda década del siglo XXI en nuestro país.

El investigador –con el propósito de realizar un análisis integral– aborda tres dimensiones, la estructural, la organizativa y la subjetiva, para lo cual aplica tres instrumentos, la Estructura de Oportunidad Política EOP, las estructuras de movilización y los marcos de acción colectiva. Según mi opinión, con ese método se aproxima de una forma creativa a la construcción de una mirada sistémica y compleja de los fenómenos sociales en el ámbito de la sociedad colombiana.

A lo largo del libro, en la descripción y análisis del paro nacional universitario de 2011, el paro nacional cafetero de febrero de 2013, la movilización y protesta campesina-cocalera del Catatumbo, el Paro Nacional Agrario de ese mismo año y la Minga Agraria, Campesina, étnica y popular de 2016, se identifican tres aspectos que traspasan esas importantes luchas sociales, gremiales y políticas, que son: la política institucional, el conflicto armado y la recomposición de las organizaciones sociales y sus discursos.

Es muy estimulante para los luchadores y activistas sociales que se investigue y estudien las luchas protagonizadas por diferentes sectores de nuestro pueblo, que nunca ha dejado de luchar y resistir, pero que muchas veces no se evalúan en toda su dimensión, como se hace en este libro. Además, es un trabajo hecho “casi en caliente”, por cuanto los hechos son recientes, y ello, es muy importante, ya que el análisis sirve para la continuidad de las luchas.

Tenemos que seguir por el camino que nos trazan investigadores como Cruz Rodríguez y otros, y profundizar aún más en el estudio para que ese esfuerzo logre conectar e interpretar la complejidad no-lineal de los procesos sociales y, aprehender y palpar de cerca sus inter, intra, multi y trans-relaciones con el resto de la sociedad. Hay que abordar el conocimiento de la naturaleza misma de las clases y sectores sociales comprometidos en esos movimientos, para conseguir que los factores analizados no aparezcan como si fueran “externos”, sino logren ver y detallar la naturaleza interna de los movimientos, su enorme complejidad, las contradicciones intrínsecas, las dinámicas imbricadas, el “verdadero movimiento”.

Recomiendo la lectura y estudio de este importante libro y, a la vez, destaco el titánico esfuerzo que hacen las personas que están detrás del trabajo editorial de Ediciones Desde Abajo. ¡Excelente trabajo!

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter @ferdorado


[1] Cruz Rodríguez (2017). “Caminando la Palabra - Movilizaciones sociales en Colombia 2010-2016”, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, Colombia, p. 259 
[2] Ídem., Óp. cit., p. 270
[3] Ídem., Óp. cit., p. 277

viernes, 21 de abril de 2017

DIGNIFICAR LA POLÍTICA

Frente a la descomposición de la democracia representativa…

DIGNIFICAR LA POLÍTICA

Bogotá, 21 de abril de 2017

“Democratizar la revolución y revolucionar la democracia”

Boaventura de Souza Santos

La democracia representativa estalló en pedazos en 2017 a nivel global. Ese fenómeno se manifestó paradigmáticamente no sólo en la elección de Trump sino en su rápida traición a los electores. En todo el mundo los partidos políticos no son lo que afirman ser, no hacen lo que dicen y no cumplen con las promesas de campaña. Son grupos de políticos profesionales pagados por el gran capital, sin ideología ni vergüenza, que se acomodan a las circunstancias según su conveniencia. Claro, hay pocas excepciones que confirman la regla. Ya no hay propiamente partidos políticos, lo que existen son políticos mediáticos que hacen marketing al servicio del mejor postor. El partido va detrás del “producto”, la fachada individual.

En Colombia esa situación es más que visible. Uribe en el Centro Democrático es un “pequeño rey” rodeado de áulicos y mandaderos. Ocurre lo mismo en Cambio Radical, todo gira alrededor de Vargas Lleras. En los demás partidos es lo mismo, incluyendo la izquierda y el “centro”. El colmo de los colmos se presentó con una dirigente de amplia trayectoria que pasó de la oposición de izquierda a ser ministra de un gobierno neoliberal. “Un gobierno débil que quiso instrumentalizar el proceso de paz para mejorar sus niveles de aceptación”[1]. Ella decidió en forma unilateral ser parte del gobierno y considera acoso (“bullying”) que su partido la cuestionara y expulsara. Ahora busca aval para ser candidata en cualquier otra tolda. Hay decenas de casos similares. Se quitan la camiseta y se ponen otra sin ningún rubor.

La razón de la crisis de la democracia representativa no es otra que el peso del enorme poder del capital financiero. Los Estados y gobiernos administradores del aparato estatal no pueden hacer más que los dictados de los centros financieros y cumplir las órdenes de los poderosos mega-conglomerados capitalistas que –legal o ilegalmente– imponen su voluntad e intereses. Caso de Samsung en Corea del Sur, Odebrecht en toda Latinoamérica y el complejo militar-industrial en EE.UU., entre otros. Y lo más grave es que los gobiernos “revolucionarios” y “progresistas” no lograron sustraerse a esas prácticas. Y los que medianamente se resisten, son presionados con herramientas puramente económicas obligándolos a reversar muchas de sus políticas que medianamente rompían con el neoliberalismo. Es parte de su “declive”.

Todo lo anterior obliga a buscar nuevos caminos. El primer paso es desechar ilusiones en la posibilidad de utilizar el “Estado heredado” como principal herramienta de transformación. Claro, sin irnos al extremo de dejarle el campo abierto a las oligarquías y burguesías emergentes que usan el aparato estatal y su fuerza real (burocracia y ejército) para neutralizar y derrotar a los pueblos. Pero, sin caer en el fetichismo del Estado y de la Ley, que nos hace creer que “desde arriba” se pueden hacer transformaciones estructurales. La verdad es que si no construimos una fuerza y poder “desde abajo”, si no nos empoderamos como ciudadanos y como pueblo, no lograremos verdaderos cambios en nuestros países y el mundo.

La crisis profunda de la democracia representativa y de los partidos políticos existentes es una oportunidad para la aparición de nuevas formas de hacer política y de nuevas democracias. Y debe ser un cambio integral. Debe aparecer una nueva filosofía política; recuperar y renovar los principios; rehacer los objetivos y metas; diseñar estrategias creativas y nuevas formas de organización; fusionar la forma y el contenido; fundir métodos y metas; interpretar a la gente y, a la vez, estimular lo mejor y más valioso de nuestros pueblos; y en general, dignificar la acción política para poder transformar nuestra realidad social, económica, ambiental y cultural.

Necesitamos una filosofía del bien común y de las economías colaborativas; unos principios éticos y estéticos que pongan en primer lugar la honestidad, la transparencia y la coherencia; unos objetivos de amplio alcance frente a la crisis sistémica del capitalismo y la descomposición moral de nuestras sociedades; una estrategia que responda a las coyunturas actuales sin abandonar las metas post-capitalistas; una organización que priorice lo colectivo, la democracia plebeya y el control de las bases; unas formas de acción que combinen eficacia y sentido común con sentimiento, belleza y alegría; y en general, una renovación total de la política en beneficio de la sociedad en su conjunto y, en especial, de los sectores eternamente excluidos y discriminados.

Y… estamos en esa tarea. “Ciudadanos al Poder” es nuestro camino y meta.  

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado



[1] “Tesis de Abril”, documento de trabajo de las FARC. “Por un partido para construir la paz y la perspectiva democrático-popular”, tesis 17, p. 17.